
La educación de nuestros hijos es una prioridad para los que somos padres. Es necesario hacer de ellos personas responsables y respetuosas. Definitivamente se ha comprobado que esto no se consigue utilizando una disciplina punitiva, es decir, castigando, amenazando o golpeando. Con esto solo provocamos resentimiento, baja autoestima, rebeldía, venganza.
Si utilizamos el castigo, nuestros hijos actuarán de forma adecuada, pero no por comprender el por qué no se debe actuar así, si no por miedo y si nuestros hijos no comprenden el por qué no debe actuar así, cuando no esté lo que le teme, volverá a hacer todo de manera inadecuada. Esto ocurre porque no entenderá que es responsable de sus actos, ni de las normas. Además tampoco sabrá valorar las consecuencias.
Por eso es tan importante que en la educación de nuestros hijos utilicemos la disciplina positiva. La cual está basada en el respeto, en el fomento del autocontrol y de la autoestima.
Alfred Adler (médico y psicoterapeuta austríaco) introduce, por primera vez, la idea de la educación de los padres en los años 20.
Defendió la idea de tratar a los niños respetuosamente, argumentando que no significa consentir o mimar (provocando problemas sociales y de comportamiento futuros). La idea se introduce inicialmente en las aulas de Viena a principios de 1920, para después exportarla a Estados Unidos a finales de 1930 a manos de Rudolf Dreikus (psiquiatra y educador Austriaco).
Adler y Dreikus se refieren al enfoque amable y firme de la enseñanza y la crianza como “democrático”.
Pero la disciplina positiva es mucho más que un estilo educativo, es una forma de vivir y de criar a los niños que se basa en el respeto mutuo entre padres e hijos, y que pone el acento en una crianza afectuosa con apego. Cuando un adulto se ocupa de la educación de un niño pone en marcha una serie de prácticas que engloban actitudes, conductas y creencias, que tienen como finalidad enseñarle a encaminar su desarrollo; esto es lo que se conoce como estilo educativo, y la disciplina positiva es la tendencia educativa que se basa en el respeto y se apoya en la afectividad.
La disciplina positiva es muy fácil de entender si utilizamos la empatía en todo momento para la crianza de nuestros hijos. Una forma de hacerlo es tratarlos como nos gustaría que nos trataran a nosotros, así de simple. La disciplina positiva aboga en ayudar a desarrollar una conciencia guiada para la disciplina interna de los niños y la compasión por los demás.
Aquí te dejamos 9 herramientas (con ejemplos) que han demostrado tener muy buenos resultados:
¿Cuántas veces has salido de tu casa corriendo, te has llevado a tu hijo de la mano, lo has metido al coche y no le has dicho ni a dónde vas?
Esto, además de no ser muy respetuoso porque no lo estas involucrando en la vida familiar, puede traerte problemas, como por ejemplo, que ponga resistencia a hacer lo que esta previsto porque no estaba mentalizado.
Ejemplo: La hora de bañarse
Respuesta convencional:
Respuesta con disciplina positiva:
Por la tarde…
Esta es una de las formas más rápidas de saber si lo que vas a decir cumple con las bases de la disciplina positiva.
Lo que estás a punto de decirle a tu hijo… ¿Serías capaz de decírselo a un adulto? Si no es así, mejor no lo hagas.
Respuesta convencional:
Respuesta con disciplina positiva:
(Aquí puedes preguntarle si las prefiere cocinadas de diferente manera, para llegar juntos a una solución)
Si nada de lo anterior lo convence, vas a tener que llegar a acuerdos. En este caso, sería importante hacerle comprender que las verduras son importantes (para ser fuertes y grandes como papi y mami) y establecer con ÉL un calendario de comidas para que sepa de antemano cuando hay verduras.
Dale a elegir entre diferentes opciones que sean válidas como solución. Todas tienen que ser elegibles (no se vale que luego le digas que su elección no es posible).
Cuando los dejas decidir a ellos les estás enviando un mensaje de pertenencia, de que son importantes y que su opinión cuenta. No se trata de que elijan lo que ellos quieran, sino que lo hagan entre un abanico limitado que tú has pensado.
Además con esto estas favoreciendo la función ejecutiva del cerebro, potenciando su desarrollo cognitivo.
Ejemplo: Hay que irse del parque
Respuesta convencional:
Respuesta con disciplina positiva:
Cuando quieres enseñarle algo a tu hijo o quieres que haga alguna tarea, los niños suelen prestar especial atención al juego y al humor. De hecho el juego es la forma que tienen de aprender.
Ejemplo: Hay que ordenar los juguetes
Respuesta convencional:
Respuesta con disciplina positiva:
Las órdenes y la acusaciones son propias del autoritarismo y no dan buenos resultados (al menos a largo plazo) si queremos que su conducta cambie.
La mejor forma de conseguir que nuestros hijos cooperen es involucrarlos en las soluciones. En este sentido las preguntas de curiosidad son buenísimas para la resolución de problemas. ¿Por qué? Porque cuando alguien llega a una conclusión por sí mismo en lugar de que se la impongan, integra mejor el aprendizaje y se abre a colaborar.
Ejemplo: Le ha pegado a otro niño
Respuesta convencional:
Respuesta con disciplina positiva:
(Ahora generamos empatía, así el niño se siente escuchado y atendemos su parte emocional)
(Ahora ya podemos hablarle desde la parte más racional al respecto de lo que ha hecho porque hemos conectado con su parte emocional)
– Pero claro, cuando le pegaste le hiciste daño, ¿verdad? Y por eso lloro. Cuando te ha pegado a ti otro niño, ¿cómo te has sentido?
– Mal, no me gusta que me peguen.
(Ahora dale la oportunidad de que llegue él a una solución por sí mismo)
– Claro que no, a nadie nos gusta que nos peguen. ¿Qué podrías haber hecho en lugar de pegarle?
– Pues, no lo sé… ¿prestarle un juguete mío? (Si no se le ocurre, puedes sugerirle ideas)
– Por ejemplo. O pedírselo por favor. Pero hay veces que no te lo prestarán, igual que hay veces que tú tampoco quieres prestar tus juguetes. Mientras puedes jugar a otra cosa o pedírselo más adelante.
– Vale…
(Una buena forma de acabar es con un beso y un abrazo).
Nota: la situación no va a ser tan idílica como te la hemos planteado. Piensa que, cuando el niño esté en pleno berrinche, te puede costar un rato conectar con él y que se relaje. No tengas prisa por resolver el conflicto, consuélalo si está muy enojado y luego ya razonarás. Recuerda: conexión antes que corrección.
Solemos cometer el error de pretender que nuestros hijos hagan una tarea por el simple hecho de decírselo.
La Disciplina Positiva es consciente de que esto no funciona. Y por eso propone una estrategia basada en 4 pasos:
PASO 1: Hazlo tú y que tu hijo vea cómo lo haces.
PASO 2: Hazlo tú y que tu hijo te ayude.
PASO 3: Que lo haga tu hijo y tú le ayudas.
PASO 4: Que lo haga tu hijo y tú lo miras.
Ejemplo: Ordenar su cuarto
Respuesta convencional:
– ¿Cuántas veces tengo que decirte que guardes la ropa de tu cuarto, que está por ahí tirada…?
– Es que no me tengo tiempo ahora mami… Ya lo haré mañana.
– Sí claro, como siempre dices… Al final siempre tengo que acabar haciéndolo yo porque parece que a ti no te molesta….
Respuesta con disciplina positiva:
– Tu cuarto está hecho un desastre, te será difícil encontrar las cosas (le haces consciente de las implicaciones, sin amenazas ni culpas).
– Es que no tengo tiempo ahora mami… Ya lo haré mañana.
– ¿Quieres que te enseñe un truco para ordenarlo de forma rápida? (Te ofreces para ayudar, además, le generas curiosidad).
– ¿Un truco? ¿Qué truco? A ver…
Esa primera vez ordenarás la ropa con él. Los siguientes pasos a seguir serían los de la secuencia anterior. Ten en cuenta que es posible que tengas que ayudarle al principio muchas veces hasta que sea capaz de hacerlo por sí solo. Y también es importante que siempre le recalques las consecuencias naturales de sus actos (luego le será más difícil encontrar la prenda que busca).
En momentos de conflicto nos cuesta pensar con claridad porque la parte visceral de nuestro cerebro se apodera del control, tanto en adultos como en niños.
Por eso, una herramienta es fomentar un tiempo de respiro para ambas partes y, así, favorecer que las aguas vuelvan a su cauce. Puedes, incluso, utilizarlo antes de estallar por alguna situación en la que veas que vas a perder el control.
Ejemplo: Tu hijo ha decidido pintar las aburridas paredes de la casa
Respuesta convencional:
– ¡Pero qué hiciste! ¡Cómo se te ocurre pintar las paredes de colores! ¡Y ahora qué voy a hacer!
– Mira la casa de colores que pinte… Tiene 3 puertas y 4 ventanas.
– Aggggg fjasdkfjaksldf (balbuceas unos gritos inentendibles).
(Tu hijo se pone a llorar y se forma un gran drama).
Respuesta con disciplina positiva:
(Entras y ves la obra de arte. La sangre empieza a hervirte. Estás apunto de pegar el grito de tu vida. Entonces te acuerdas de la estrategia del «tiempo muerto». Sabes que no es buena idea tomar decisiones en caliente, por lo que dices)
– Mira cómo están las paredes. Mamá va un momento a la habitación a dejar una cosa y ahora vuelve…
(Entonces te tomas tu tiempo para relajarte. Piensas que, en realidad, lo que pasa no es algo de vida o muerte. Bebes agua, haces algunas respiraciones y te pones en su lugar. Lo que quería era experimentar, pero no es consciente de la gravedad que supone pintar las paredes de otro color. ¿Por qué una cartulina sí y las paredes no? Para ti es evidente, para un niño no tanto. Entonces, te encuentras más calmada. Decides volver al «campo de batalla»).
– ¿No te gusta la casa que he dibujado? Tiene 3 puertas y 4 ventanas y es muuuy grande.
– La casa está muy bonita Zoé. ¿Pero sabes qué pasa? Que para pintar tenemos que hacerlo en las hojas. Las paredes se pintan con una pintura especial.
– ¿Por qué no podemos con estas pinturas mami?
– Porque todas las pinturas que tenemos en casa son para pintar en las hojas. Vamos a limpiar la pared juntos y luego pintamos esa casa en una hoja que te dará mami, ¿de acuerdo?
– ¡Vale!
(Y entonces le das un trapo y le involucras en la tarea de limpiar, aunque no lo haga muy bien).
Esta estrategia del tiempo muerto podría ser válida tanto para niños como para adultos. Si los niños son pequeños, no tiene sentido porque no van a entenderlo. Pero, para niños más mayores, se les puede explicar que hay un espacio en la casa al que pueden ir (SUGERIR, NO OBLIGAR) si se sienten muy alterados, para pasar un rato y sentirse mejor.
Te propongo algo: fíjate en un día cualquiera cuántos NO les dices a tus hijos. Y pon un peso en un bote cada vez que digas un NO. Al final de la semana, saca lo que hay en el bote y ve a cenar con toda la familia. Te apuesto a que podrás hasta invitar a los abuelos.
Nos pasamos el día con el NO en la boca: «no pintes en el suelo, no agarres el vaso, no vayas corras en las escaleras…» y no somos conscientes de lo poco efectivo que es.
Las frases encabezadas por un NO incitan a la rebelión (hacer lo contrario a lo que te dicen) mientras que una instrucción dicha en afirmativo incita a la colaboración.
Conclusión: si quieres que tus hijos colaboren, trata de cambiar las frases al afirmativo. En vez de decirles lo que no pueden hacer diles lo que sí pueden hacer.
Ejemplo: Situaciones varias
Ejemplos convencionales:
No pongas el plato en la orilla; no comas sin lavarte las manos; no te vayas tan lejos que no te puedo ver.
Ejemplos con disciplina positiva:
Deja el plato más en medio de la mesa; lávate las manos antes de comer; ven más cerca para que pueda verte.
No es tan difícil, ¿verdad?
Esta herramienta parece muy sutil pero esconde una potencia brutal. Para entenderla bien, vamos a ver un ejemplo y luego lo analizamos.
Ejemplo: Vestirse para poder salir a jugar
Respuesta convencional:
– Zoé, vístete para poder salir a jugar.
– No quieroo. Quiero ir en pijama…
– Pues si no te vistes, no vamos al parque.
Respuesta con disciplina positiva:
– Zoé, vístete para poder salir a jugar.
– ¡No quieroo vestirme, quiero ir en pijama!
– Bueno, en cuanto te vistas, nos vamos al parque.
Es cierto que te puede parecer que es casi lo mismo pero, para entenderlo mejor, piensa el efecto que provocan en ti.
El primero parece una amenaza, suena a castigo. Si no te vistes, no te permito ir al parque.
El segundo, en cambio, es más una consecuencia lógica: «a mí no me importa ir al parque, pero si tú quieres ir, entonces tienes que vestirte.». Le estás poniendo la pelota en su cancha, es su decisión.
Estos son solo algunos ejemplos de técnicas que podemos usar para aplicar la disciplina positiva en la educación de nuestros hijos. Recuerda que tú eres la técnica más eficaz para modelar el autocontrol de tus hijos. Si ante una situación estresante logras no perder el control y hacer algún ejercicio para calmarte, estarás enseñando a tu pequeño el mensaje más poderoso y que le proporcionará las habilidades necesarias para ser un adulto de éxito.