Los “perrhijos”: una nueva tendencia.

Hoy en día existe una humanización de los animales, no solo debido a la concientización que hay sobre los mismos, sino que también son cada vez más parejas que han decidido no tener hijos, y que han completado su grupo familiar con una mascota, o con “perrhijos”, como ahora se les llama.

Éste fenómeno antes mencionado ha crecido sin cesar  en los últimos años. Los perros reciben tantos mimos,  tantos gastos que casi son como hijos.

¿Pero este trato es el más indicado para que nuestras mascotas crezcan sanas y felices?

De acuerdo con expertos ésta es una conducta que puede afectarles en su comportamiento, pues al humanizar a los animales provocamos que pierdan su identidad, que se sientan frustrados, ansiosos, inseguros e incluso pueden volverse agresivos.

César Millán, famoso por su programa “El encantador de perros”, ha dicho que estas prácticas pueden ser consideradas como maltrato animal, ya que algunas veces no se toman en cuenta las verdaderas necesidades de las mascotas.

Cuando le colgamos un cascabel a un gato, cuando le ponemos moños a un perro, cuando vestimos a un hurón, cuando sacamos a pasear a nuestro perro en un carrito tipo carriola, lo estamos apartando de su verdadera esencia, ya que un perro quiere ir olfateando, un gato sufre si se le encierra. En realidad esta conducta es quererle quitar su verdadero instinto.

Es importante mencionar que un animal tiene un ciclo vital diferente al de un ser humano y debe ser respetado. El riesgo de concebir a un perro o a una mascota como un hijo, es perder de vista las necesidades reales del animal.

Queremos hacer una aclaración muy importante, este de ninguna manera es un artículo de crítica hacia las personas que tienen mascotas, tener una mascota en sí mismo no tiene ningún aspecto negativo, al contrario, hay mucho de positivo en tener una mascota, es solo una explicación de los posibles efectos en el animal al quererlos humanizar tanto.

Tener hijos ¿es igual a tener mascotas?

La respuesta definitivamente es NO, la experiencia de crianza de un “cachorro humano” dista mucho de ser igual a la de un perrito o un gatito, no solo por las implicaciones emocionales, psicológicas, sociales, legales y económicas de criar a un niño o niña. Esto incluso puede ser la magia de las mascotas, pues podemos darles afecto, enseñarles disciplina, vestirlos, bañarlos e incluso lavarles los dientes, pero el cuidado, las atenciones y sobretodo las acciones que tenemos que tomar para llevar a cabo la crianza de un hijo, sobrepasan mucho de las que requiere una mascota. Esto no quiere decir que las mascotas no sean importantes, inclusive llegamos a desarrollar fuertes sentimientos por ellos, lo que decimos es que la experiencia es mucho muy diferente por el grado de responsabilidad que se requiere y es por esta característica que muchas parejas actualmente prefieren no tener hijos (tener o no mascotas es opcional), la idea es que la mascota no sea el sustituto de un niño, así como que tampoco un niño sea traído al mundo para ser tratado como un objeto para satisfacer las necesidades emocionales o psicológicas de los padres, abuelos, etc.

Cuando un animal tiene más valor que un ser humano

En muchas ocasiones hemos escuchado que los seres humanos somos malignos, manipuladores y que en comparativa con las mascotas, que son puras, inocentes y buenas, que deberían mejor conservar la vida animal que la humana. No se niega que el ser humano tiene un potencial destructivo inmenso y que la humanidad tiene la capacidad, cuando se empecina, de destruir entornos, personas, animales y objetos, nadie se salva, pero también hay bondad genuina, preocupación e interés de muchas personas para con la humanidad, animales y medio ambiente. Obviamente ninguno tiene más valor que el otro, más bien tendríamos que reflexionar porque estamos viendo a toda interacción social como dañina y peligrosa y preguntarnos ¿Con qué personas estamos interactuando, que nuestra visión acerca de la humanidad ha llegado a esta conclusión?

Puede existir un gran afecto entre una persona y su mascota, siempre y cuando se tomen en cuenta las necesidades físicas y psicológicas del animal. Estar conscientes de que necesitan espacio físico y ejercicio, no tanto lujos, ya que hay casos en que los perros viven como en una jaula de oro, con todas las comodidades, pero encerrados y frustrados.

Hay casos donde existe un fuerte apego de la mascota con sus dueños comparada con una dependencia, más cuando se trata a un perro como a un hijo. Esta dependencia genera en el animal estrés y ansiedad cuando el dueño no está cerca, rompiendo así con el equilibrio entre las actitudes de un animal y las obligaciones de un ser humano, que ocasiona comportamientos destructivos en la mascota.

El que un perro no pueda vivir sin su dueño, le ocasiona sufrimiento y le genera actitudes destructivas por la ansiedad de no tener cerca a su cuidador, lo que hace que el animal busque entretenerse con algo y termine destruyendo cosas.

Hay que querer a nuestras mascotas, está bien verlas como parte de nuestra familia, pero sin olvidar  que son animales y que sus necesidades son muy diferentes a las de nosotros.

 

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