El fracaso comercial de los Juegos Olímpicos

Algo que uno debe aceptar independientemente de sus gustos personales es que, aunque los Juegos Olímpicos son el evento deportivo más grande de todos por las disciplinas desarrolladas a lo largo de medio mes (aproximadamente), en cuestión comercial no genera tantas ganancias económicas en comparación de otro evento que tarda 4 años en prepararse, La Copa Mundial de Fútbol.

Esto en parte es entendible debido a que el fútbol es el deporte más visto y seguido a lo largo del mundo (claro que su popularidad varía dependiendo el país, pero normalmente se mantiene presente), debiéndose a la pasión que suele generar y es relativamente económico tanto en la práctica como en el seguimiento (en México ver un partido de fútbol es posible gracias a la televisión abierta, en cambio un partido de tenis requiere contratar un paquete de paga). Si bien varias disciplinas son asombrosas es imposible negar que no suelen atraer mucha gente, por ejemplo, los clavados.

Se ha intentado aumentar el interés del público a las Olimpiadas, generando un marketing más grande (llegando al punto de incluir patrocinadores que a primera vista no tienen nada que ver con el deporte) y seleccionando sedes que puedan atraer al público; viéndose esto en Beijing, Londres y Tokio. Río de Janeiro y Brasil en general fueron una pésima elección para un evento de este estilo, tanto las Olimpiadas como los Mundiales requieren una inversión económica enorme por parte del país anfitrión y las ganancias económicas no suelen ser redituables, más que nada se gana reconocimiento.

Esto es fácilmente comprobable que a partir del Mundial de 2026 la gran mayoría de países no quieren albergar la competencia de manera individual, siendo seleccionada la sede de Estados Unidos, Canadá y México (aunque realmente es una competencia que en su mayoría será desarrollada en Estados Unidos). La sede de 2030 aún no es seleccionada pero casi todas las candidaturas presentadas o planeadas incluyen más de un país, excepto de la Marruecos pese a que también están abiertos a la posibilidad de compartir la candidatura con España y Portugal. De esta forma los gastos se dividen y el impacto no termina siendo tan fuerte. 

Brasil es un país identificado con el deporte y uno de los países más fuertes económicamente hablando del continente americano, por lo cual las Olimpiadas a primera era una buena idea. Lamentablemente para los brasileños en 2014 ellos ya habían organizado una Copa del Mundo, trayendo como consecuencia que en el 2016 los Olímpicos desarrollaran un entorno social que rechazaba el evento por razones coherentes, hoy en día sabe que para recuperarse económicamente de ambos eventos pasaran muchos años (justo lo que pasó con México por lo acontecido en el 68 y 70).

Japón es de los países más poderosos económicamente hablando del mundo, a la vez que en cuestión de organización y disciplina es impecable, siendo una gran opción al momento de desarrollar este macro evento. También demostrando conllevar mucho interés turístico por diversos elementos; gastronomía, arquitectura, recintos históricos, parques temáticos, tecnología, la cultura popular, etc. Al final de las Olimpiadas de 2016, la presentación de Tokio fue sorprendente, teniendo personajes como Mario, Doraemon, Super Campeones (Captain Tsubasa), Hello Kitty y Pacman para darle paso al primer ministro del país asiático.   

A lo largo de estos era posible ver la preparación de los japoneses para albergar este espectáculo, estaban preparados para tener un auge turístico sin igual (podemos ver en el Super Nintendo World, el cual estaba destinada su apertura poco antes del inicio Olímpico). En infraestructura realizaron proyectos como el Nuevo Estadio Olímpico de Tokio, reemplazando al Estadio Olímpico original (inaugurado en 1958, fungiendo como sede principal para los Juegos Asiáticos de ese mismo año y los Juegos Olímpicos de 1964), si bien este último era histórico no estaba adaptado para las exigencias requeridas del deporte contemporáneo.

Con estas cosas el evento debía haber sido enorme, trágicamente está destinado a ser tanto un fracaso económico mayor que el de Brasil (pero seguramente no va a ser un golpe tan fuerte por la estabilidad del país) como de reputación a nivel global. La expansión del COVID-19 y todas sus mutaciones cambiaron la vida como la conocemos, vamos para año y medio desde el inicio del confinamiento, obligando a que los Juegos Olímpicos fueran retrasados y reagendados en el 2021. Todo con la esperanza de que las cosas estarían cerca de volver a la normalidad, pareciendo probable tras el lanzamiento de las distintas vacunas, pero ni así se ha logrado una gran reducción del problema.

Actualmente nos enfrentamos a la tercera ola de contagios, favoreciendo que haya desconfianza si de viajar se trata por paseos innecesarios y aunque no lo hubiera se confirmó que las Olimpiadas se realizarían sin presencia de espectadores, automáticamente reduciendo las ganancias en torno al turismo. Uno podría decir que, aunque no les dejan entrar a los recintos deportivos pueden viajar al país, lo cual es cierto, pero se dejan tres inconvenientes de lado; el miedo a realizar viajes en avión anteriormente mencionado, varias personas solo les interesaba ver la competencia (no tanto conocer Japón) y la crisis económica vivida en gran parte del mundo.

La población japonesa en general ha estado en contra del desarrollo de los Juegos Olímpicos, al aumentar las posibilidades de expandir los contagios por todo el territorio. Haciéndose esto presente durante la inauguración del evento, destacando las protestas fuera del Nuevo Estadio Olímpico de Tokio. En cierto punto es entendible que tanto el Comité Olímpico como el Gobierno japonés no estuvieran dispuestos a cancelar el evento (esto solo ha ocurrido en un par de ocasiones, tanto en la primera como en la segunda guerra mundial), ya de por sí será imposible recuperar lo invertido al corto plazo, no pueden aplazarlos para el próximo año porque chocarían de frente con el Mundial de Qatar (aunque sea en diferentes meses es difícil que alguien tenga presupuesto para realizar dos travesías de similar envergadura en 6 meses de diferencia y el Mundial tiene las de ganar).

2023 tampoco es una opción probable porque todos los deportistas han hecho sus respectivas pruebas clasificatorias, las cuales solo deberían tener validez al corto tiempo, en dos años sus condiciones físicas podrían cambiar enormemente y su desempeño indiscutiblemente se vería afectado. Realizar nuevas pruebas sería injusto para quienes ya habían clasificado, pudiendo significar que todo el esfuerzo realizado por 4 años se fuera a la basura. A la vez que durante ese año los deportistas ya tendrían que estarse preparando para París 2024 (evento que aparentemente va a desarrollarse en la fecha pactada), provocando que ambas competencias interfieran entre sí. 

Podemos concluir que Tokio 2020 pintaba para ser uno de los mejores Juegos Olímpicos alguna vez hechos, Japón lo tenía todo aparentemente para lograrlo, en cambio terminarán siendo de los más olvidables de toda la historia. En Revista Marketing queremos recordarte que siempre hay que estar preparados ante cualquier eventualidad y esforzarse al máximo en todo lo que hagas ya que en la vida no hay nada escrito.   

 

   

 

 

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